01.nov.2016 | Opinión

Empresa Familiar: Cómo asumír el desafío de ser mayor (Segunda parte)

Una persona de 60 años, hoy, no es más un “sexagenario”, vuelve a ser un par entre pares, está a la altura en conocimientos, integración, y salud (sin síntomas) y tiene su lugar en la mesa de jóvenes en la cual antes quedaba segregado.

La edad y la experiencia

Una persona de 60 años, hoy, no es
más un “sexagenario”, vuelve a ser un
par entre pares, está a la altura en
conocimientos, integración, y salud (sin
síntomas) y tiene su lugar en la mesa de
jóvenes en la cual antes quedaba
segregado.
Ya no necesita que se ocupen de él,
porque es independiente, tiene fuerza,
se autoabastece, y si realmente le aqueja
una enfermedad, va a lo del médico por
su cuenta, no precisa más un “geriatra”.
Esta persona de 60 años, en su
lucidez, si tiene un trabajo
independiente, tendrá los mismos
cuestionamientos, cuitas y ambiciones
que puede tener una persona de 40
años en la misma posición. Se
preguntará por su desempeño en la
actividad, por sus perspectivas futuras.
Si sus aspiraciones se están concretando.
Qué mejoras puede introducir. 
Si está en relación de dependencia, a
todos estos factores se le agregan las
ganas de jubilarse, y a medida que se
acerca su momento de jubilación,
esperan la ansiedad y la angustia por lo
que le espera 
“el día después
”.
En ambos casos, es importante que
contemple la consulta a la figura del
Mentor, que no está en el “orden
médico”, pero puede absolutamente
prevenir situaciones complejas y
complicadas. Detectar depresiones
encubiertas (falta de fuerza, cansancio
excesivo, poco entusiasmo en salir) y
otros síntomas naturales de personas que
pierden la posibilidad de entusiasmarse
por algo nuevo o distinto. Asumir el
desafío de ser 
“una persona mayor
”,
pero no un viejo, y menos aún “una
persona senil”.

Una persona de 60 años, hoy, no es más un “sexagenario”, vuelve a ser un par entre pares, está a la altura e nconocimientos, integración, y salud (sin síntomas) y tiene su lugar en la mesa de jóvenes en la cual antes quedaba segregado.Ya no necesita que se ocupen de él, porque es independiente, tiene fuerza, se autoabastece, y si realmente le aqueja una enfermedad, va a lo del médico por su cuenta, no precisa más un “geriatra”.

Esta persona de 60 años, en su lucidez, si tiene un trabajo independiente, tendrá los mismos cuestionamientos, cuitas y ambiciones que puede tener una persona de 40 años en la misma posición. Se preguntará por su desempeño en la actividad, por sus perspectivas futuras. Si sus aspiraciones se están concretando. Qué mejoras puede introducir. Si está en relación de dependencia, a todos estos factores se le agregan las ganas de jubilarse, y a medida que se acerca su momento de jubilación, esperan la ansiedad y la angustia por lo que le espera “el día después”. En ambos casos, es importante que contemple la consulta a la figura del Mentor, que no está en el “orden médico”, pero puede absolutamente prevenir situaciones complejas y complicadas. Detectar depresiones encubiertas (falta de fuerza, cansancio excesivo, poco entusiasmo en salir) y otros síntomas naturales de personas que pierden la posibilidad de entusiasmarse por algo nuevo o distinto. Asumir el desafío de ser “una persona mayor”, pero no un viejo, y menos aún “una persona senil”.

 

Actuar para vivir

Hoy, el índice de probabilidad de años de vida aumentó un 30%. A los 95 años, uno puede llamarse “anciano”, pero seguramente tendrá sus facultades mentales e intelectuales inalteradas. Probablemente llegará a ese grado de plenitud, de haber vivido tantas vidas, de ser más sabio, de seguir integrado “en la mesa familiar”, siempre que cumpla la premisa de vivir esos 30 años agregados, sano, con planes, entusiasmado, y contento de haberse despertado un día más, con la tranquilidad de conocer, al levantarse, su programa del día y vivirlo con entusiasmo y alegría.

Cuando me refiero a esos 30 años que van desde los 60 en adelante, la persona que pretenda vivirlos sanamente, con planes, y entusiasmo, debe saber aprender a cursarlos, y eso no se logra a través de la consulta a médicos o geriatras ni a través de tutoriales de internet.

Primero, es importante hacer un balance, para saber cuáles son los instrumentos que sabe manejar: la palabra, la curiosidad, el interés por los demás que le rodean, y del mundo en general, que hoy es un espacio que cabe en la pantalla de una computadora, pero que también se adquiere con viajes a lugares amados y otros por conocer. Estos atributos, desarrollados en función de la edad, el estamento social, las posibilidades económicas o no, tienen ese rango que acabo de mencionar.

Pero lo más importante para llegar joven a viejo es tener una mirada prospectiva, saber que tiene todo el tiempo a su disposición, ya sea después de una jubilación, de un retiro voluntario de su propia empresa dejando un sucesor, y aún trabajando como si el tiempo no pasara, como hace la gran mayoría, ya sea por necesidad o simplemente por placer y hedonismo.

 

En movimiento

Practicar deportes, cultivar la relación con amigos, viajar, no perderse ninguna actividad cultural, aprender a  sonreír, gozar de abrazar y ser abrazado, disfrutar de una buena comida, emocionarse frente a un paisaje deben estar a la orden del día, porque manejar la tecnología, usar emails y WhatsApp ya está integrado en el orden diario, aunque aún hay analfabetos de nuestro tiempo que no se manejan con estos útiles de comunicación. Aprender computación, para luego descubrir qué provecho obtener es un buen comienzo de la nueva vida.

Conflictos no faltarán, porque los hijos de 40 años buscan protagonismo, y terminan luchando con padres jóvenes, que no dejan la empresa, situaciones que pueden derivar en una lucha de ciervos con sus cornamentas, para ver quién es el jefe de la manada. Cito a  Francisco Mora, cuando dice: “Ser viejo, sano y de mente clara es un privilegio”, y yo agrego, querido lector: ser estratégico, no perder la jefatura de la manada, aprender a delegar tareas que pueden efectuar otros, con menos esfuerzo, para dedicarse a sí mismo, porque, como afirmo siempre, “ya se lo merecen”.

En Barcelona, Agosto de 2016

Ernesto Beibe. Mentor

www.ernestobeibementor.com





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