La industria de la automoción acusa el impacto de la escasez global de semiconductores para la producción de vehículos comerciales medianos y pesados, sin perspectivas de solución a la vista.
Como si la irrupción del Covid-19 y sus secuelas en todos los órdenes no fuera suficiente, la industria automovilística experimenta en estos meses una inédita crisis de desabastecimiento de chips, con cierre de plantas, despido de trabajadores y cuellos de botella en las líneas de producción que derivaron en un alza de precios y retrasos en el lanzamiento de nuevos productos.
Los semiconductores son imprescindibles para la fabricación de coches y una constelación de sectores de la economía, como aeronáutica, salud y entretenimiento. La demanda creció exponencialmente en los últimos años, a remolque del desarrollo de las redes 5G, la inteligencia artificial, el internet de las cosas o el coche autónomo.
El sector automovilístico, por lo pronto, lleva lidiando con la falta de stock de circuitos integrados desde finales del año pasado, por efecto del confinamiento y el teletrabajo que realimentaron la demanda de productos electrónicos, como tabletas y netbooks para sortear las obligaciones de la virtualidad. Para colmo, en los últimos meses la situación se agravó por el incendio de una planta de chips en Japón, la ola de frío y apagones en Texas, donde varios proveedores de chips tienen sus factorías, así como la sequía en Taiwán y sus limitaciones al uso del agua que obligaron a mermar la producción.
Plantados
Los fabricantes de automóviles han advertido al Gobierno de Estados Unidos que la situación podría derivar en un recorte de 1,3 millones de vehículos salidos de fábrica este año e incluso la interrupción de parte de la producción durante al menos otros seis meses. La escasez ha provocado que Ford reduzca su plan de producción del segundo trimestre en un 50%.
La secretaria de Comercio, Gina Raimondo, se solidariza con la demanda y aboga por un aumento de la capacidad de producción estadounidense de chips informáticos, persuadida de que el impulso podría crear puestos de trabajo y liberar al país de la excesiva dependencia de China (principal proveedor del mundo) y Taiwán.
Los principales jugadores de la automoción presionan al Congreso para que aborde la crisis y un subcomité del Senado de Estados Unidos escuchó el testimonio de grupos de la industria automovilística que instan a tomar medidas para abordar la producción de chips en el corto plazo.
El sector respalda las propuestas de gastar decenas de miles de millones de dólares para impulsar la producción de semiconductores en Estados Unidos y el impulso a incentivos fiscales para ayudar a las empresas de chips a compensar los costos de creación de nuevas líneas en las instalaciones existentes.
Hay para rato
“Estamos ante una necesidad innegable de ampliar la capacidad de los semiconductores en Estados Unidos para satisfacer la creciente demanda de la industria del automóvil, así como de otros sectores de la economía”, reconoce John Bozzella, director de la Alianza para la Innovación en la Automoción.
Ann Wilson, vicepresidenta senior de la Asociación de Fabricantes de Motores y Equipos, aventura que los proveedores de automóviles se enfrentan a “una importante crisis de la cadena de suministro”.
Tanto Ford como Stellantis y Daimler anunciaron recortes de producción relacionados con los chips, mientras que Volkswagen anunció una reducción de su producción en México. General Motors, por su parte, anunció el restablecimiento de parte de la producción en algunas plantas.
El paquete de inversiones en infraestructuras propuesto por el Presidente Joe Biden incluye 50.000 millones de dólares para la producción e investigación de semiconductores. También incluye otros 50.000 millones de dólares para crear una nueva oficina en el Departamento de Comercio que supervise la capacidad industrial nacional y financie inversiones en la producción de bienes críticos.
La escasez mundial de semiconductores está teniendo un impacto significativo global. Sin embargo, la repercusión en la producción será desigual entre los fabricantes de equipos originales y entre los países, ya que algunos no parecen verse afectados. Aunque la consultora de análisis de información IHS Markit cree que los efectos persistentes de la escasez de chips pueden ensombrecer incluso hasta el 2022. “La escasez de semiconductores que está sacudiendo a la industria automovilística mundial empeorará aún más”, advirte el director ejecutivo de Ford Motor, Jim Farley. Para el presidente de GM, Mark Reuss, se trata de “la peor crisis” de la cadena de suministro de su carrera, y conjetura que los compradores de automóviles seguirán enfrentándose a menos opciones y a precios más altos.
Del otro lado también
Europa ya acusa recibo de la crisis. En el primer trimestre, Volvo fue el principal fabricante afectado y cerró su planta de Gante (Bélgica) durante una semana, con la consiguiente reducción de unidades. En el segundo trimestre, varios fabricantes de equipos originales anunciaron restricciones que suponían reducciones de entre 6.000 y 10.000 vehículos en plantas de Volvo y Renault Trucks.
Si bien India, China y Corea del Sur no se ven afectados por la escasez de chips en el sector de los vehículos pesados dentro de la región, es de nuevo el Grupo Volvo el que paga las cuentas. La marca UD Trucks de Volvo ve reducida su producción en las plantas de Japón y Tailandia.
Nissan, por su parte, registra una pérdida anual récord de 1.380 millones de dólares, justificada tanto por la pandemia como por el desabastecimiento de chips y tuvo que reducir la producción de su coche compacto más vendido, el Note, en Japón, y realizar ajustes de producción a corto plazo en sus operaciones norteamericanas el pasado trimestre.
En Brasil, los recortes de producción se produjeron a finales de marzo y principios de abril debido al aumento de los casos de Covid en el país y a la escasez de semiconductores, también con foco en Volvo. Ambas razones provocaron una pérdida combinada de entre 3.100 y 3.400 unidades en el primer semestre de 2021, que se espera recuperar más adelante. La crisis, todavía, hay que tocar madera, no afecta directamente a las fábricas de vehículos radicadas en la Argentina.
Según algunos analistas, la escasez de chips seguirá agravándose hasta que, en torno al mes de diciembre, la producción de chips se ponga al día con la demanda. Es probable que las interrupciones relacionadas con la cadena de suministro reduzcan las ventas mundiales de vehículos a 86,7 millones de unidades en 2021, “muy por debajo” de los niveles anteriores a la pandemia de 92,5 millones de unidades en 2019, según las perspectivas de la consultora Fitch Solutions.
Qué te puedo cobrar
La crisis y la consiguiente reducción de la producción de vehículos motivó que las empresas de alquiler de automóviles no pudieran conseguir los coches nuevos que necesitaban, por lo que tuvieron que recurrir a la compra de vehículos usados en subasta.
Se trata de un desafío desconocido para empresas como Hertz y Enterprise Holdings, que han obtenido sus beneficios comprando vehículos nuevos a bajo precio en grandes cantidades, alquilándolos hasta un año y vendiéndolos en subasta. Otro de los efectos generados en el mercado es la revalorización de los vehículos usados. Las camionetas, en particular, están alcanzando precios mucho más altos de lo que valían hace unos meses.