En un principio fue el petróleo y sus derivados. De su refinamiento sobrevino -nada más, nada menos- el desarrollo y crecimiento de la industria del automóvil.
Es cierto que pasaron cosas. La contaminación y la llegada del efecto invernadero obligaron a buscar alternativas a los combustibles fósiles y mitigar las consecuencias de sus emisiones.
En torno a este consenso global, el hidrógeno irrumpió un tiempo como el nuevo Santo Grial de la industria. Y en eso llegó Elon Musk. El genio nacido en Pretoria perfiló un nuevo horizonte: el automóvil será eléctrico o no será nada. Los popes de Ford y GM seguramente reprimieron alguna que otra sonrisa y continuaron como si nada.
Cuando las dos grandes automotrices estadounidenses tomaron nota de que la cosa iba en serio y Tesla pavimentó el mercado como marca reconocida y súper valorada -en la Bolsa, sus acciones cotizaban más que alguna tradicional-, los directivos norteamericanos salieron desesperados a marcar de nuevo la cancha e intentar acortar la brecha.
Este movimiento obligó a los grandes players del llamado Tier 1 (los grandes autopartistas mundiales) a mover ficha y correr en la búsqueda de empresas que tuvieran desarrollos que les aseguraran la subsistencia en el mundo nuevo en el cual muchos de sus productos históricos resultarían obsoletos. Y así pusieron muchísimos dólares y/o euros para no quedarse afuera de un futuro que ya tocaba a la puerta.
Del otro lado del mapa las cosas iban tomando otro color. China se ganó un lugar en la mesa de los grandes, corrió a otros convidados y va camino de conquistar el mundo de los autos eléctricos. Mientras tanto, su vecino Japón también redobla el esfuerzo para no dormirse en los laureles. De la mano de una marca global que, además de ser número uno en el mundo y obligar a todas las demás jugadoras a incorporar su filosofía oriental en la producción y servicio, llamado Kaizen, y que supo conjugar la vieja y sucia combustión con la nueva y “limpia” energía, sacudió al mercado con una nueva vuelta de tuerca. Toyota apuesta a nuevos motores de combustión interna, súper eficientes, y mucho menos contaminantes, incluso, que la producción de las baterías necesarias para alimentar a los autos 100% eléctricos. ¿Será la hora de recuperar inventarios de piezas que parecía que no tendrían más vida útil?
Hasta la próxima.
Natalio Borowicz
Editor Revista Aftermarket
