El desempeño del personal suele incidir en la productividad de un local minorista. Estrategias de Team Building para reforzar el mandato conjunto de hacer buenos negocios.
La osadía de algún gerente y la extraordinaria capacidad de vender humo de algunos próceres del coaching llevó a emparentar el concepto del team building con las prácticas más propias de los boy scouts, con todo el respeto que merece esa experiencia.
En la práctica, para formar un equipo e insuflar el espíritu de cuerpo no hace falta levantarse a las 3 de la mañana para colonizar territorios enemigos con ropa de fajina y testear la capacidad de mando de los participantes. Hay otras estrategias posibles, sin necesidad de salir al campo a deshoras con bolso y gorra de visera.
Algo está comprobado con rigor científico: el espíritu de equipo genera fortaleza desde lo emocional, oficia como una fuente de autoestima, mejora la motivación y los éxitos da cada uno de los componentes se valoran entre todos.
¿Cómo se puede construir un espíritu de equipo en un local minorista? La receta es universal. Comunicación, escucha activa, cooperación. La creación permanente de un nosotros que involucra a todo el personal de la
empresa. La permeabilidad a la recepción de ideas a los demás miembros del equipo para que cada uno se sienta en condiciones de aportar su punto de vista.

Cada componente del equipo de trabajo aporta su talento al conjunto, cada trabajador es igual de importante. De hecho, la suma de las cualidades individuales hace que un equipo bien coordinado alcance el éxito. Sin embargo, es el responsable de la empresa quien debe conseguir generar valores con los que el resto de miembros del grupo se sientan identificados para mantener el orden y la armonía de un negocio con valor de futuro.
En cualquier entorno de competencia, fortalecer el espíritu del equipo redunda en que realicen sus tareas con fervor y determinación. Es imprescindible que todos los miembros sepan trabajar en grupo, la falta de comunicación es un obstáculo difícil de sortear.
Hay diversas maneras de aumentar la confianza de los integrantes del equipo. Muchas veces, promover el espíritu de equipo comienza con el ejemplo y una actitud positiva que inspire.
■ Reúna a su equipo más allá del vínculo laboral. Hay actividades cotidianas que se pueden compartir sin que a nadie se le caigan los anillos, desde comer juntos o planificar algún encuentro extra laboral puede fortalecer
la relación, levantar el ánimo y crear un ambiente familiar. El entorno nos define, por lo que influye mucho en nuestra forma de asumir los problemas del mundo.
■ Aprender de las malas experiencias. Recordar a los integrantes del equipo cómo se han sorteado situaciones de crisis anteriores en el trabajo y el aprendizaje que pueden sacar. Alentar al equipo en horas bajas y enseñar los que se da por obvio, pero no lo es. Es imprescindible tener un apoyo en el equipo cuando las cosas no van tan bien.
■ Poner en perspectiva los problemas: observarlos como si uno estuviera muy distante de ellos.
■ Invitar a colegas exitosos. Aquellos que han hecho una línea de carrera exitosa en una empresa pueden convertirse en referentes para los nuevos de un equipo. Todos necesitan modelos y gente a quien admirar. Permitir que los empleados interactúen con ellos y hagan preguntas forma parte de una estrategia de capacitación permanente a la hora de vender.
■ Rodearse de talento: a la hora de la verdad, hay que saber que para que un negocio vaya bien, se necesita destreza individual en cada uno de los resortes del trabajo. La voluntad y las buenas intenciones no bastan para
solventar un negocio. Si los vendedores no han demostrado talento ni capacidad de aprendizaje de las claves de la venta y el trato con los clientes, mejor será agenciarse un equipo con más potencial.
■ Generar buen ambiente: la ilusión es fuerza motriz de los buenos negocios. En el local no puede haber nada que quite las ganas de seguir con el proyecto. La simpatía y el don de gentes son vitales para maximizar las posibilidades de éxito.
■ Sinergia común: los equipos de trabajo efectivos reúnen elementos básicos en común, como la colaboración, el compromiso con los objetivos comunes, el aprendizaje continuo, la apertura a nuevas ideas, la capacidad de adaptarse a circunstancias imprevistas. Jon Katzenbach y Douglas Smith, autores de un clásico del management, The Wisdom of Teams ilustran el concepto de trabajo en equipo como un triángulo con el compromiso en la base, habilidades y responsabilidades como los dos lados y el resultado del rendimiento en la parte superior. Es decir, mientras más comprometido, capacitado y responsable sea un equipo es más exitoso.
■ Un buen liderazgo: la capacidad de liderazgo es la clave de un grupo motivado. Un buen líder detenta las habilidades necesarias para poner al equipo de trabajo por encima de las aspiraciones individuales. El liderazgo que inspira construye un equipo que se centra en resultados de calidad.
■ Olvidar protagonismos: cuando se trabaja en equipo no existe un protagonista que se lleve los laureles, el trabajo es de todas las personas, aunque sean de distintas áreas. Los logros o fracasos pertenecen a todos.
■ Comunicación asertiva: La comunicación siempre será una clave importante en cualquier actividad que se realice, una buena comunicación ayuda a reducir errores y crear nuevas estrategias. Tener un flujo de información efectivo generará mayor confianza y apoyo entre los miembros del equipo logrando así mismo cumplir con todos los objetivos.
■ No dejarse llevar por los sentimientos: en todos los ámbitos de trabajo hay que ser capaz de dejar los juicios y sentimientos a un lado para poder trabajar en equipo, hay cosas que nunca se pueden cambiar de los colegas. En
cambio, sí se puede cambiar la forma de relacionarse con esa persona y encontrar la forma de ponerse de acuerdo con ella para lograr cumplir los objetivos del equipo. Mejor reconvertir climas densos y negativos, y
llevarlos a lo positivo o, al menos, a lo neutral: es un excelente catalizador emocional.